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Enfrentar la obesidad y las enfermedades no comunicables

La obesidad es un reto para la salud pública mundial

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado a la obesidad como uno de los mayores retos para la salud pública del siglo XXI.

Desde 1980, los datos epidemiológicos muestran que la prevalencia de la obesidad se ha triplicado en muchos países de la región europea de la OMS. La Oficina Regional de la OMS para Europa indica: "el número de personas afectadas continúa aumentado a una velocidad alarmantes, en particular entre los niños. La obesidad es actualmente responsable del 2 al 8% de los gastos en salud y del 10 - 13% de los fallecimientos en diferentes partes de la región" (OMS, 2008).

La súbita aceleración de la prevalencia de niños obesos y con sobrepeso en Europa provocará graves problemas de salud pública en los años venideros.

Hoy en día, 1.000 millones de adultos sufren de sobrepeso y, si no se hace nada para contrarrestarlo, hacia 2015 habrán 1.500 millones, incluyendo 22 millones de niños menores de 5 años.

La probabilidad de que el sobrepeso de un niño continúe durante su vida adulta varía con la edad del niño. Para niños que sufrieron sobrepeso o fueron obesos antes de la pubertad, del 20 al 50% sufrirá de sobrepeso como adulto, y esta cifra aumenta del 50 al 70% en los niños que sufrieron de sobrepeso u obesidad en la adolescencia (Charles, 2001).

Por consiguiente, una porción significativa de los niños obesos hoy en día se volverán obesos adultos, pero, desafortunadamente, en el momento de llegar a la edad adulta, estos ya han acumulado años de riesgo cardiometabólico. Están apareciendo nuevas patologías a edades más tempranas y, no obstante este fenómeno actualmente continúa siendo marginal, los niños están ya experimentado diabetes y enfermedades cardiovasculares, sin mencionar todas las complicaciones relacionadas con el sobrepeso (por ejemplo, enfermedades de la piel y respiratorias, reumatológicas, problemas sicológicos y sociales) (Strong et Al., 2005).

Según la OMS, se estimó que, en 2005, de los 58 millones de fallecimientos por toda causa, las enfermedades crónicas (incluido infarto, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas y diabetes) serán responsables de 35 millones de fallecimientos. Este es el doble que el número de fallecimientos provocados por enfermedades infecciosas, condiciones maternas y perinatales y deficiencias nutricionales combinadas (OMS, 2004).



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